You are here¿ES POSIBLE ODIAR EN PAZ?...

¿ES POSIBLE ODIAR EN PAZ?...


Fuente:
Gonzalo Villegas Vacaflor

No se puede negar que existen cambios en el país, que han sido desplazados del poder sectores acostumbrados a permanecer en él y que hicieron escarnio del mismo; sin tomar en cuenta a una inmensa mayoría plebeya que no fue incorporada, reconocida en su cultura, en sus héroes, en su tradición, en su accionar política, en su presencia y en su ciudadanía. Quien no quiera reconocer estas realidades es un miope político y con posiciones extremadamente conservadoras .El MAS ha derrotado a la oposición, lo hizo en las urnas, lo hizo en las calles, lo hizo empleando el sistema electoral, empleando el sistema penal y el poder de los medios.
Ha llegado un momento en que es bueno reflexionar -y mucho- en la forma de convivir a partir de esa victoria.
El análisis no debe darse sólo como "dádiva democrática" de respeto a las minorías, sino que debe enfocarse como un problema básico de vivencia en el marco del proceso que ha encarado. Una vez que la oposición ha sufrido una severa derrota, de la cual no hay atisbos de su recuperación, las peleas internas se convierten en un riesgo de destrucción del instrumento político que gobierna.
Y aquí surge la importancia de aprender a odiar en paz.
El diálogo, «que es inherente a la política» (¿lo es?), puede desembocar en acuerdos; que la rivalidad es posible, y a veces inevitable. Por esas causas quiero referirme a rivalidades. Un rival es alguien que compite con otro u otros con la esperanza de tener más éxito en el desempeño de la misma tarea. Es decir, de aquellos que se enfrentan para impedir que los otros consigan sus objetivos o imponer los suyos, diametralmente opuestos. Nada de esgrima elegante y caballerosa: combate; lucha entre pretensiones antagónicas.
No veo que haya ahí lugar para el juego. Me repatea cuando oigo hablar de «respetar las reglas del juego democrático». Que se imponga uno u otro modelo de organización social no tiene nada de contienda lúdica. Se dirimen las posibilidades de felicidad de demasiada gente. Me niego a frivolizar con asuntos de tanta trascendencia.
Para ordenar mis ideas recurro a Claus von Clausewitz. el gran estratega prusiano que definió acertadamente la guerra como «la continuación de la política por otros medios», bien podría afirmarse que la política, abordada y sentida a fondo, es la continuación de la guerra por otros medios.
Política y guerra se diferencian en los instrumentos de los que se sirven: pacíficos los de la primera; violentos los de la segunda. Se distinguen entre sí por eso. No porque en una sea de rigor el compadreo y en la otra prime la malevolencia.
En política no es factible dejar de lado estas concepciones por más que nuestra convivencia sea de la más “civilizada”, con plena conciencia de lo mucho que el empleo de términos como ésos chirría en estos tiempos de pensamiento blando. Y ahora– en tiempos de primacía de la política, es decir, estamos viviendo un proceso de cambio profundo en las estructuras políticas, sociales y económicas donde son inevitables los enfrentamientos políticos por cauces pacíficos, porque la experiencia enseña que la violencia, cuando nace de la decisión de tales o cuales dirigentes políticos astutísimos, suele tener efectos desastrosos, poco o nada parecidos a los formalmente pretendidos.
Es de este conjunto de consideraciones del que nace la perspectiva de odiar en paz. Es posible que se trate de una actitud difícil de entender.

Post new comment

The content of this field is kept private and will not be shown publicly.
  • Web page addresses and e-mail addresses turn into links automatically.
  • Allowed HTML tags: <a> <em> <strong> <cite> <code> <ul> <ol> <li> <dl> <dt> <dd>
  • Lines and paragraphs break automatically.

More information about formatting options