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ITT y la maldición de las materias primas


Fuente: Alvaro Ríos Roca

Muy presente en nuestra memoria está el 5 de Junio de 2007. Días antes, el presidente Rafael Correa convocaba para esa fecha a delegaciones internacionales y diplomáticas en Ecuador, con el objeto de comunicar que habían decidido solicitar recursos económicos de la comunidad internacional, a cambio de no explotar las reservas de petróleo del campo ITT (Ishpingo-Tambococha-Tiputini).

Este campo está ubicado en la exuberante, sensible y hermosa amazonía Ecuatoriana. Dice tener cerca a 800 a 900 MMBbl y poder traducirse en ingresos rentistas de su explotación por 750 MMUS$/año. Cifra nada despreciable para un país que ha apostado por un modelo estatal y donde los recursos del Estado deben servir para casi todo: gasto público, inversión social (salud, educación), investigación, infraestructura (electricidad que escasea por cierto) e inversión productiva sobre todo. Léase que no alcanza para todo.

La apuesta, obtener 50% de esos ingresos anuales, en aras de proteger una zona ambientalmente muy sensible. Algunos de los allí presentes ese día, nos quedamos unos minutos a debatir sobre el tema planteado y llegamos a la conclusión que la propuesta, si bien era ingeniosa, no era práctica y no podía servir de ejemplo para el mundo donante y financista, por razones que apuntamos a continuación. El tiempo nos va dando la razón.

Primero, el aceptar es una forma de darle aun más rentismo al Ecuador. Segundo, cómo negar en el futuro recursos similares para no explotar materias primas en otras zonas sensibles del planeta (Australia, Alaska, el Polo Sur, áreas protegidas en el Subandino o Amazonía Suramericana o que Bolivia obtenga recursos para guardar el necesitado litio del bello y hermoso salar de Uyuni. Tercero, ¿quien ponía las fechas de cuánto tiempo se guardarían las reservas?, ¿de por vida?, ¿10 o 20 años?. Cuarto, quién confiaba en que Ecuador más temprano que tarde no iniciaría con la explotación de la riqueza del ITT, argumentando soberanía, derecho o finalmente necesidad de hacerlo y obtener mas renta?. Quinto, el planeta necesita también de esa materia prima hasta desarrollar otras fuentes.

Concluimos que la idea era ingeniosa, pero no resultaba pragmática. A nuestro juicio, es solo una forma eficiente de captar renta muy rápidamente. Concluímos que esas reservas podrían explotarse muy racionalmente en el futuro y preservando el medio ambiente para no generar la “enfermedad de las materias primas” que es muy contagiosa en la región (léase imitar a Noruega). Para muestra un botón y observar a Venezuela, que con las más grades reservas de petróleo y gas del mundo, continúa siendo un país pobre, monoproductor, donde escasea la tecnología, la innovación, la ciencia, la investigación, lo productivo y el empleo para ser un país tremendamente rentista. Lo que solicita Ecuador, no es nada más que eso, “renta adelantada”.

Para concluir citaré completa la opinión de un pensante y sabio ecuatoriano con quien estamos plenamente de acuerdo:

“A nuestro juicio, el Ecuador no debe explotar ese petróleo porque hay buenas razones económicas para no hacerlo. Y si a eso se suma que al extraerlo se podría dañar al parque natural del Yasuní, simplemente lo que hay que hacer es dejar ese crudo donde está, nos den o no nos den plata del extranjero. No es despreciable el valor económico del petróleo del ITT. Si todo ese crudo estuviera ya extraído, tendría un valor similar al PIB del Ecuador. Mucha plata. Pero lo que hay que preguntarse es si el Ecuador, para desarrollarse y progresar, necesita esa plata. Concretamente hay que preguntarnos si el país necesita más plata del petróleo. Desde varios enfoques, la respuesta es no.

Primero, nuestro país viene sufriendo desde hace más de tres décadas la llamada “maldición de los recursos naturales”. Esa maldición consiste en que tenemos gobiernos que disponen de importantes cantidades de dinero sin necesidad de cobrar impuestos y que pueden dedicar muchos de esos recursos a gastos clientelares, que no aportan al desarrollo del país pero sí a la popularidad de los gobernantes de turno.

Seguro que usted alguna vez se preguntó ¿por qué un país como el nuestro, tan rico en recursos naturales, no logra desarrollarse?. Pues esa pregunta está mal planteada, porque la incapacidad de progresar es el resultado de disponer de tantos recursos que nos caen “del cielo”, que crean una economía acostumbrada a vivir de las rentas petroleras y de los combustibles subsidiados y donde los habitantes tienen algunos comportamientos más cercanos al de los súbditos que al del ‘ciudadano ideal’, profundamente involucrado en los asuntos de su país.

Con más plata del petróleo, tendríamos más gobiernos populistas, que gastarían todavía más y que no dejarían espacio para un sector privado moderno y competitivo. En segundo lugar, suponiendo que realmente necesitáramos más plata del petróleo, tampoco es imperativo sacarlo del Yasuní. Una explotación más eficiente de los campos actualmente en producción nos permitiría aumentar significativamente su producción. Y, aunque no es un gran consuelo, contaminaríamos campos que ya están muy contaminados”.

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