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Chávez, en trance difícil…


Fuente: Mario Rueda Peña

En Venezuela, las cosas se ponen color de hormiga al régimen de Hugo Chávez. Los desajustes macroeconómicos dan lugar a negativas repercusiones en lo que respecta a ingresos, alimentación, provisión de servicios básicos, educación y empleo. La bronca por las carencias en campos tan cruciales empieza a recrudecer la protesta callejera.

Venezuela, como se sabe, desde hace bastante tiempo vive básicamente del petróleo que destina al mercado estadounidense. Sus ingresos por exportaciones de otros sectores productivos representan menos de la tercera parte de sus ingresos nacionales. Se lo puede catalogar como país monoproductor que en el mercado externo vende sólo un producto y compra casi todo, particularmente alimentos.

Actualmente, año que pasa es año que disminuyen sus ingresos en concepto de exportación de petróleo a Estados Unidos. Este decremento provoca una sensible caída en la producción del energético.
El sector privado registra una cada vez más pronunciada reducción en los índices de su producción industrial y agropecuaria. Ésta es la causa de que Venezuela importe ahora la mayor parte de productos y alimentos que consume parte de su población.

Elevan el saldo negativo del arqueo entre ingresos y egresos nacionales lo que muchos críticos de Chávez califican de imprudente incremento del gasto público, como el que se origina en la importación de armamento, el financiamiento de programas de asistencia social con obvios fines proselitistas y de emprendimientos dirigidos a afirmar el esquema del ‘socialismo del siglo XXI’ en Sudamérica.

La macroeconomía se desestabiliza, siendo la inflación (más de un 25% en 2009) uno de los signos relevantes de esta emergencia. Caen los ingresos de la gente común y la pobreza castiga a más de ocho millones de venezolanos.

Es evidente que Chávez heredó de gobiernos anteriores tan deprimente realidad, pero no es menos cierto que él hizo poco o nada para superarla. Miles de miles de familias padecen hambre, siguen careciendo de viviendas, por lo que se ven obligadas a vivir en míseras chozas de cartones y desechos y más de tres millones de niños continúan marginados de la educación escolar. Para colmo, el agua para el consumo diario escasea y los cortes de energía eléctrica causan molestia en el 52% de la población total.

Chávez, definitivamente, en trance difícil de incierto epílogo.

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